¿PATÁN O CABALLERO?

Lupita:

Escuché su Programa sobre el machismo y me dirijo a usted porque reconozco que he tenido esa conducta con mi mujer y mis hijos. Quiero cambiar, sinceramente, pero nuestro ambiente ya está muy contaminado y cada vez que hago un esfuerzo por controlarme, soy yo el que recibe agresiones y siento que no puedo avanzar. Ahorita estamos bajo “la ley del hielo” para evitar más violencia, pero no me siento bien ni veo que las cosas mejoren. Parece que de nada sirve intentar cambiar.

Felipe


Muy estimado Felipe:

Si te has comportado como un patán, eso no significa que lo seas. Tu conducta no te define, sino tus ideales. Persevera en tu intención de convertirte en caballero.

Vamos definiendo ambos términos.

El Diccionario define al patán como hombre rústico, tosco; y caballero, como hombre que se comporta con cortesía, nobleza y amabilidad.

De acuerdo a una encuesta realizada a mujeres a quienes se les pidió describir a un patán, se enumeraron los siguientes rasgos:

  1. Carecen del sentido de respeto.
  2. No tienen modales ni educación.
  3. Son groseros.
  4. Gritan para hablar.
  5. Agreden a las mujeres utilizando incluso la fuerza física.
  6. Insultan con facilidad.
  7. Ven a las mujeres como objetos sexuales.
  8. Mienten y son infieles.

 

Y cuando se les pidió describir a un caballero, surgieron estas características:

  1. Trato amable y considerado, especialmente con mujeres, con adultos mayores y niños.
  2. Respetuosos
  3. Confiables, responsables.
  4. Cumplen sus promesas.
  5. Ven a la mujer como un ser hecho para amar.
  6. Saben escuchar y se muestran comprensivos.
  7. Se interesan por ayudar, cuidar y proteger a su mujer, hijos y seres queridos.
  8. Son sinceros y fieles.

 

Un caballero evoca a aquellos que en la Edad Media defendían el honor y entregaban la vida siendo leales y buscando verdadera justicia. Conocemos historias de estos heroicos hombres que renunciaban a las bajas pasiones para entregarse a altos y nobles ideales: El Cid Campeador, Don Quijote de la Mancha, el Rey Arturo, Carlomagno, Ricardo Corazón de León, etc.

No quiero calificarte ni descalificarte, sino comprenderte y mostrarte un camino hacia tu caballero interior. Un hombre al que llamamos patán, generalmente tiene un pasado doloroso. Está lleno de resentimientos y no ha perdonado a quienes le hicieron daño desde su más tierna infancia. Es necesario que busque ayuda para cambiar; quiere hacerlo pero no sabe cómo, y al esconder sus emociones, se muestra agresivo e incapaz de ver el dolor que provoca.

En cambio, cuando reconoce sus actitudes destructivas, acepta su realidad y se compromete con un cambio real. No debe pretender que los demás reaccionen con benevolencia ante sus sinceros intentos, pues es posible que ellos no crean ya en su cambio. Por lo tanto, ha de mantenerse firme en la lucha, poniendo sus ideales por encima de sus emociones, venciendo sus impulsos y eligiendo sus reacciones. Estos vencimientos personales forjan el carácter y dan virilidad al que se propone mejorar su ser humano.

Comprendo a las mujeres cuando, ya cansadas de las conductas de un patán, empiezan a comportarse a su nivel, con agresiones y aplicando “la ley del hielo”, entre otras conductas inadecuadas. Las comprendo, pero no las justifico. Para que desaparezcan los machos necesitamos de damas. La Voluntad de Dios es nuestra santificación (Tes. 4,3). Sólo en abundancia de Bien puede desaparecer el Mal.

Acabemos con estas conductas destructivas que se dan entre hombres y mujeres. Ellos, que luchen por convertirse en caballeros; ellas, no por el camino de la revancha, sino por el del amor, transformándose en genuinas damas.