¡NO TE LIMITES!: SÉ TU MEJOR VERSIÓN

Lic. Lupita:

Estuve en la FIL el noviembre pasado y con gusto compré su libro ¡No te limites!. Quiero decirle que ya lo leí y que debo agradecer por la ayuda que recibí a través de él. Tengo el firme propósito de ser una mejor persona y he encontrado la única motivación que podía hacer que yo acabara con mi mediocridad: ¡Quiero ser santa! Yo solía pensar que de nada servía que le echara ganas a las cosas si los otros no cambiaban. Reconozco que he fallado y que puedo mejorar. Hay un camino que nos propone la Fe. ¡Gracias por presentárnoslo!

Sinceramente,

 Patricia E.

 


 

Muy estimada Paty:

Las buenas lecturas nos edifican. Yo me he propuesto escribir libros muy prácticos, con un fondo antropológico 100% cristiano. Es por ello que me atrevo a decir que mis escritos son herramientas útiles, pues llevan dentro la Verdad Revelada aplicada a la vida cotidiana.

Me decidí a publicar mis convicciones porque actualmente se venden muchos libros de autoayuda con un enfoque ególatra, que en ocasiones hacen daño. Son libros que te aseguran que tú eres un dios y que puedes decretar o crear tu realidad. Te motivan para lograr lo que el mundo dicta como fuente de éxito: dinero, poder, placeres y fama. El problema consiste en que no necesariamente la vida es la que quieres que sea y, por tanto, se forman ríos de frustración que llevan a los lectores a encontrarse más vacíos de lo que estaban en un principio. La cosmovisión cristiana nos dice que estas llamadas “fuentes de felicidad”, son, en realidad, frutos de la virtud. No son un fin en sí mismas, sino frutos. No puedes ir por ellas en directo, sino esforzándote en ser una mejor versión de ti misma.

Aristóteles nos recuerda que la felicidad es la virtud.

¡Nacimos para ser santos! Esto es, permanecer en lucha para agradar a Dios con nuestras conductas. Si cada día nos esmeramos en ser más lo que Dios quiere, encontraremos esa paz y armonía interior que tanta falta nos hace. No es sólo luchar por ser nuestra propia mejor versión, sino también comprendernos a nosotros mismos cuando caemos o fallamos, y tener la certeza de que hay una nueva oportunidad siempre. El Padre Rainiero Cantalamessa decía:

Me gustaría resaltar lo que creo que es el medio más eficaz de todos para preservar la paz del corazón, y esto es: la certeza de ser amados por Dios. Y San Pablo nos muestra una manera de superar todas nuestras ansiedades y encontrar cada vez la paz del corazón, a través de la certeza de que somos amados por Dios.

 Pero, ¿es suficiente saber lo que Dios quiere de nosotros y cuánto nos ama?

 Nos dice San Pedro: “Al entendimiento, dominio propio; al dominio propio, constancia; a la constancia, devoción a Dios” (2 Pe. 1, 6).

He aquí un camino trazado:

  • Conocer a Dios, a través de la lectura de las Sagradas Escrituras.
  • Discernir lo que Él me pide personalmente.
  • Solicitar, al Espíritu Santo, el don del dominio propio, para poner en práctica eso que me pide mi Creador.
  • Crear buenos hábitos y dejar atrás aquellas costumbres que me hacen daño.
  • Encontrar fortaleza en la Oración y los Sacramentos.

Empecemos a emprender un camino de superación personal, cuya inspiración y fin se encuentren en Jesucristo.