NO HAY CRISTIANISMO “LIGHT”

Lupita:

Me da mucho gusto que la Iglesia está abriéndose a lo moderno. Yo me he sentido muy bien con el budismo y pienso que no se contrapone con mi fe católica. Con el llamado del Papa Francisco a respetar todas las religiones, me siento más tranquila siendo budista y cristiana a la vez. No creo en el Infierno, y me da paz saber que el Cielo está abierto para todos, sin condiciones. ¿Para qué estar pendientes de sacramentos y devociones, cuando lo único importante es relacionarnos con Dios?

Adela G.

 


 

Hermana mía, Adela:

En la Iglesia nos unimos siempre en oración a las intenciones del Papa. Nos ha pedido orar para que el diálogo sincero entre hombres y mujeres de diversas religiones conlleve frutos de paz y justicia. También por la unidad de los cristianos, para que, mediante el diálogo y la caridad fraterna, con la gracia del Espíritu Santo, se superen las divisiones entre los cristianos. No está impulsando un cristianismo light, sino uno verdadero.

Conociendo a profundidad el cristianismo, sabrías que es incompatible con el budismo. El Santo Padre nos ha pedido predicar a Cristo con el ejemplo. Dejar de dividirnos, y unirnos todos en lo que tenemos en común, es importante, pero nunca a costa de redefinir el cristianismo o de hacerlo light.

El Papa no ha dicho que todas las religiones sean iguales, y tampoco nos lleva a despreciar la verdad revelada por el propio Jesucristo: hay Infierno y hay Cielo. ¿Quiénes entran a una u otra eternidad? Jesús mismo responde en aquel pasaje cuando nos enseña que dirá: “Venid, benditos de mi Padre, porque tuve hambre y me dieron de comer…”. Y luego dirá a los de la izquierda: “Aléjense de Mí, vayan al fuego eterno…” (Mt 25, 34-46).

El Vicario de Cristo está haciendo énfasis en la misericordia. Nos pide amar y perdonar para restaurar el orden que debe ser vivido por todos nosotros en la Tierra. Perdonar y comprender siempre, pero buscando una vida nueva, aspirando a vivir en gracia, luchando por el ideal de la santidad.

¿Cómo sería nuestro mundo si hiciéramos todos la voluntad de Dios, tal como Él nos la ha pedido? No habría cárceles ni delincuentes; no existirían los hogares rotos; no se daría la infidelidad; no tendríamos que construir centros de rehabilitación… Viviríamos la Civilización del Amor. Pero, en nuestra libertad, hemos dicho al Señor que no le obedeceremos en todo, sino que haremos las cosas a nuestro modo. Y son evidentes los resultados.

No busquemos pretextos para vivir un cristianismo light. Cristo fundó una Iglesia y dio potestad a Pedro al decirle que lo que fuera atado por él en la Tierra, sería atado en el Cielo (Mt 16, 19). La Institución de los sacramentos, el valor de la Eucaristía, las exigencias de la vida moral cristiana, son irrenunciables para quienes hemos sido bautizados.

En palabras de Leo J. Trese, publicadas en su libro La fe explicada:

“Convenzámonos de una vez que la ley de Dios es expresión de su amor y sabiduría infinitos. Nos conoce porque Él nos creó y sabe lo que nos conviene. Estamos hechos para amarle aquí y en la eternidad. Éste es el fin de nuestro existir. Jesús nos da las instrucciones para conseguir la felicidad: si me amas, guardarás mis Mandamientos” (Jn 14, 15).