MAMÁ, VALES MUCHO EN CASA

Nuestros días se caracterizan por un secularismo acuciante; importa todo lo material: Tener dinero, competir académica y laboralmente, cuidar el físico, obtener placer (y es mejor si se consigue sin ningún esfuerzo)… la vida se desliza de modo individualista y superficial.

Aquellos grandes ideales por los que los jóvenes daban la vida han desaparecido. Se aspiraba a lograr soluciones científicas para diversos tipos de enfermedades, a erradicar la pobreza, a gobernar para servir, a dar la vida por la patria si era necesario, a consagrar la vida a los hijos, a entregarla a Dios a través de la donación total en la vida religiosa, a tener hijos y educarlos para convertirlos en ciudadanos responsables y en buenos siervos de Dios. Era un mundo integrado por personas más conscientes de su esencia como criaturas y seres religiosos.

Al perder nuestra relación con Dios, hemos perdido la altura de miras. Apreciamos lo poco y nos quedamos ahí, cómodamente instalados. A través de los medios de comunicación se nos ha convencido de que los valores trascendentales (altruistas), no pueden vivirse y por tanto hay que desdeñarlos. Ya no reconocemos los dones de Dios como lo que son y los etiquetamos negativamente, uno de ellos, el don de la maternidad.

Amiga joven, la verdadera felicidad y el éxito más cierto no se encuentran en la búsqueda del bien y la comodidad propias, sino en la salida de nosotras mismas para darnos plenamente a los demás. Esto no significa, como han insistido tanto los autores modernos, que una mujer deba “recluirse” como una empleada más dentro de casa para hacer los quehaceres y aguantar malos tratos. Esta idea tiene más que ver con la claridad de una misión bellísima que tenemos como mujeres, ser apoyo y estímulo para nuestros hombres, verdaderas compañeras de vida y desarrollar nuestro máximo potencial creativo como madres.

 que quieres lograrlo todo, ser de Dios, ser esposa feliz, mamá paciente y trabajar profesionalmente. Todo es posible, pero todo en su momento. Dar prioridad a tu familia será una labor gratificante, más que cualquier éxito profesional. ¡Entrégate a esta labor con la pasión con la que entraste al matrimonio! Te darás cuenta de cuánto vale la pena.