LOS HOMBRES TAMBIÉN LLORAN

Lupita:

Quisiera encontrar la clave para lograr el perdón que necesito. Hoy reconozco que mi problema con el alcohol me hizo un hombre agresivo y que no fui un buen esposo mucho menos un buen padre. Pero el perder a mi familia me ha cambiado totalmente. Llevo dos años sin consumir alcohol y soy un hombre nuevo. Soy servidor en mi Parroquia y no entiendo por qué no me quieren recibir en mi casa si hoy soy el que me pedían que fuera: sin vicios, sin maltratos. Me estoy desesperando y siento deseos de quitarme la vida. Le pido a Dios que me perdone mi familia, pero nada consigo.

Ernesto H.

 


 

Hermano en Cristo, Ernesto:

Son muchos los hombres que lloran al ver que pierden lo más valioso que hay en este mundo: su familia. No estamos siendo educados en la virtud, y por ello, los vicios se apoderan de nosotros. En estos momentos necesitas comprensión, primero hacia ti mismo, pero también hacia los demás, como de ellos hacia ti.

Cuando un hombre bebe de forma irresponsable y pierde el autocontrol, con frecuencia no se trata de maldad, sino de dolor. En muchos casos, estos hombres han vivido un pasado marcado por la injusticia; tal vez por haber tenido un padre alcohólico o por haber experimentado rechazo, abuso o maltrato. En su presente, arrastran heridas emocionales que les fueron infligidas durante su infancia.

Muchos hombres me han revelado que lloran de impotencia; normalmente lo hacen solos y dentro de su automóvil. Algunos lloran con amigos muy cercanos o al implorar perdón a quienes han lastimado sin querer. Es bueno llorar, reconocer nuestra pequeñez y rogar a nuestro buen Dios que tome el mando de nuestra vida. Sentir, sí, pero no dejarnos llevar por sentimientos. Los sentimientos te acompañan, pero no te dirigen.

Es tiempo de poner en orden tu vida y tus emociones para no dejarte llevar por ellas hacia una tristeza profunda que te sumerja en ideas de suicidio, ni a una ira inmanejable que te conduzca a la búsqueda de venganza con acciones violentas.

Fortalece tu voluntad para tener señorío sobre tus emociones. Dice la Palabra:

“Revístanse con la armadura de Dios, para que puedan resistir las insidias del demonio; permanezcan de pie, ceñidos con el cinturón de la verdad y vistiendo la justicia como coraza. Calcen sus pies con el celo para propagar la buena noticia de la paz. Tengan siempre en la mano el escudo de la Fe” (Ef. 6, 11. 14-16).

¿Qué significa revestirnos de la armadura de Dios?, esto es conocer su Palabra y elegir en todo momento hacer su voluntad. Si bien no puedes lograr que tu esposa e hijas te perdonen, sí puedes perdonarlas y comprenderlas tú; sí puedes ser fiel a ese Dios que te ha rescatado y a quien reconoces como Todopoderoso; sí puedes poner en sus manos el destino de tu hogar y de tu alma. No es que Dios te diga no; es que te pide ser santo y esperar con confianza.

Tú has logrado sobreponerte porque la fuerza del amor puede vencer cualquier obstáculo y te has levantado valientemente. Tirar la toalla en este momento no es la acción inteligente a seguir… ¡Ahora te toca perseverar!