LA FORMALIDAD DE LA MISA

El hombre se deja atraer fácilmente por la comodidad. Elegimos, sin pensar, lo que implique menos esfuerzo y compromiso. Para optar por lo que nos construye necesitamos discernir las consecuencias de nuestras elecciones: puedes inclinarte por lo fácil o por lo conveniente.

En la mitología griega se nos enseña este principio de éxito. ¿Recuerdas la disyuntiva que se le presenta a Heracles en el momento clave de su vida? Siendo joven, se encuentra frente a una encrucijada en la que aparecen dos diosas para sugerir su camino:

La primera, llamada Minerva, le señala el ‘Templo de la fama’, al que llegará por medio de la virtud, el esfuerzo y el bien. La segunda, que hábilmente se adelanta, Venus, le quiere seducir a través de los placeres efímeros que, según ella, lo conducirán a la felicidad (el camino fácil, de los vicios). Heracles comprende que el camino del esfuerzo lleva a la dicha, mientras el corto y fácil engaña con una felicidad efímera que acabará en arrepentimiento y llanto. Él toma la mejor decisión: el camino de la virtud.

Dios tomó nuestra figura para acercarse a nosotros y que pudiésemos comprender su Plan de Salvación. En Cristo conocemos el rostro de Dios y nos adentramos en su amor. Y es Él quien funda una Iglesia y confía su organización y funcionamiento a Pedro. El ser humano es unidad de cuerpo, Alma y espíritu, y necesita expresar con su cuerpo lo que lleva adentro.

Los Sacramentos fueron instituidos como signos sagrados eficaces que nos comunican la Gracia. Una operación interior que se expresa simbólicamente con un acto exterior. Jesucristo sabía que necesitábamos de estos signos, y Él mismo los instituye. De ello nos habla con claridad la Sagrada Escritura.

“Recibid al Espíritu Santo -dijo Jesús a los Apóstoles-, a quienes perdonareis los pecados, les serán perdonados; a quienes se los retuviereis, les serán retenidos” (Jn. 20, 22).

Ir a Misa, confesarnos y comulgar, son obligaciones de todo bautizado, y deben ser llevadas a cabo como actos de amor. ¿Cómo no presentarnos al Templo con nuestras mejores prendas?; ¡Vamos a la Casa del Señor de los Señores!; ¡Vamos a decir gracias por tantas bendiciones recibidas! Ciertamente, Dios ve nuestro corazón, pero la presencia exterior siempre revelará algo de la esencia interior.

Que se note que le das importancia a lo que tiene importancia.