JERARQUÍA DE VALORES

Querida Lupita:

Te escribo para agradecer tus recomendaciones, que tanto nos acercan a Dios. Tuve un tiempo de crisis matrimonial cuando a mi esposo le dieron un empleo en una pequeña población. Yo contaba con un buen empleo y mucho futuro aquí en la ciudad. Aceptar irme con él fue una renuncia muy dolorosa para mí. Decidí irme tras leer uno de tus Artículos en que nos aconsejabas a las mujeres acudir a la Agrupación de Esposas Cristianas. Ahí comprendí que era muy importante mi papel como esposa y madre. Me había separado, pero volví al lado de mi esposo. Estamos felices en nuestro pueblo, y por nada cambio nuestra realidad actual. Quiero compartir mi testimonio: quien hace la Voluntad de Dios, es recompensado mucho más allá de lo que se imagina.

 Lidia S.

 


 

Muy querida hermana en Cristo, Lidia:

Sin duda alguna, tu testimonio es un tesoro en nuestros tiempos. Las mujeres, queriendo sentirnos valiosas, hemos cambiado nuestra escala de valores y colocamos nuestro desarrollo profesional antes que nuestra vocación a la familia.

Cuentan de un Profesor que llevó piedras a la clase. Pidió a sus alumnos que las colocaran en un pequeño frasco. Entregó una cantidad semejante en número y en tamaño a todos los alumnos. Había en cada paquete una piedra grande, dos más que le seguían en tamaño, otro grupo de piedras pequeñitas, y un poco de arena. Inició la actividad, y al terminar el tiempo indicado, sólo un alumno había logrado el objetivo. Los demás no podían creer que lo lograran, pues les faltaba mucho espacio. El secreto del ganador consistió en que colocó las piedras en orden de importancia: primero la más grande, luego las del más próximo tamaño, y al final la arena.

Así es nuestra vida como mujeres: si colocamos en orden nuestras prioridades, podemos dar espacio a desarrollar nuestros talentos en los ámbitos que nos interesan, y en los cuales podemos aportar mucho.

La mujer que elige casarse, ya tiene clara una correcta jerarquía de valores: será esposa y madre ejemplar en primer lugar, y podrá compartir su genio femenino en el campo laboral, profesional, social, político, deportivo y otros de su interés, sin sacrificar por ello lo que más vale: su misión como constructora de un hogar.

El Plan de Dios para la familia, contempla la necesidad de que una madre pueda convivir con sus hijos la mayor parte del tiempo posible. Ella, como María, desarrollará una revolución de ternura, que enseñará a todos a amar. Generará un ambiente cristiano en casa y propiciará el desarrollo armónico de la personalidad de sus hijos. Es la ausencia de papá y mamá en casa, el caldo de cultivo para personalidades endebles, proclives al vicio, la agresión y la delincuencia

Sabemos que la realidad de la Economía mundial, está obligando a muchos matrimonios a trabajar ambos, en deterioro del tiempo que se comparte con los hijos. Pero vamos valorando lo importante: aquellas parejas que trabajan para tener más, a veces sacrifican un tiempo valioso en que podrían formar el corazón de sus hijos, por salir a ganar lo que no resulta una verdadera necesidad.

Dios Amor nos creó para amar, no para amasar fortunas y reconocimientos. Volvamos al orden querido por Él y, sin competir con nadie, elijamos respetar el plan perfecto para las familias de hoy y siempre. Se puede todo, pero en el orden del amor.