“¡SI HAY PROBLEMAS, YO ME VOY!” ¿SOLUCIÓN O COMPLICACIÓN?

Querida Lupita:

Hace unos años mi esposo me fue infiel, desde entonces yo cambié mucho y no me daba cuenta de que nuestro matrimonio iba en picada. Decidimos separarnos. Durante esa separación (que al principio fue fácil pues no faltaba la amiga que te hacía sentir bien por dejarlo), cuando las amigas y la familia volvieron a su vida y yo a la mía, me di cuenta de que no era tan fácil como yo pensaba. Que la libertad y las cosas que yo exigía no eran las mismas si no las podía compartir con él. El problema ahora es que después de dos años viviendo cada quien en su casa, él no quiere regresar, dice que me falta cambiar y que es mejor así. Nuestros hijos están sufriendo las consecuencias, quieren verlo en casa y lo necesitan. ¿Cómo convencerlo? 

Ana Paula

 


 

Querida Ana Pau: 

 Avanza la descristianización de nuestra sociedad y estamos tomando decisiones al margen de la ley de Dios, de lo que es mejor en nuestro diseño natural para la pareja humana y los hijos que engendran. 

El éxito en una relación matrimonial es resultado de la madurez humana de ambos cónyuges y, desde luego, la presencia de Dios que rige las decisiones que ambos toman. 

El primer paso para resolver diferencias, es definir lo que quieren ambos. La meta a la que pretenden llegar. ¿Quieren estar juntos y felices hasta el final? ¿Harán lo que sea necesario para educar con éxito a sus hijos? 

Recuerden que, de cara a Dios, apostar por la Familia siempre será la mejor decisión. Hagan conciencia de que ustedes no son rivales sino equipo. Apóyense mutuamente para crecer como seres humanos. 

Padres de Familia varones: sus hijos los necesitan en casa, nada justifica su ausencia. Estudios recientes muestran, por ejemplo, que cuando el papá practica su religión, el 90% de sus hijos serán practicantes, comparado con la influencia de la mamá en este tema, que determina que cuando ella vive su fe (y no el papá), el 30% de los hijos la vivirán también. 

Papá: tu presencia y cercanía darán seguridad y confianza a tus hijos. Si consideras que los pleitos con tu esposa hacen que tu presencia en el hogar haga más daño que bien, piensa que esos pleitos pueden desaparecer si te lo propones. Hay guerra en donde dos quieren pelear. 

Esposa y esposo deben trabajar, cada uno, en su propia madurez personal. Propónganse sustituir malos hábitos por otros que sean constructivos, por ejemplo:  

  • El que es irrespetuoso, trabajará en cultivar virtud del respeto.
  • El que es irresponsable, trabajará la responsabilidad.
  • El que tiene un vicio, se esforzará en dejarlo cuanto antes, aceptando las ayudas convenientes.

Lo mejor para superar las crisis conyugales, es tomar la determinación definitiva de invitar a Cristo a su hogar, Él sana, salva y libera. Humildemente reconozcamos que actuar sin Él no nos ha funcionado y que lo necesitamos para cambiar positivamente y vivir el amor genuino. 

En 2015 fue canonizado el primer matrimonio como tal, se trata de los papás de Santa Teresita del Niño Jesús: Luis Martin y Celia Guérin; para ellos, Dios era centro y fin de sus vidas, su trato mutuo era amable, fueron migrantes en un momento difícil de su economía, supieron tratar con dignidad a toda persona a su alrededor, empleados, amigos y familiares… aprendamos de su ejemplo y encomendemos a ellos a todos los matrimonios en crisis.