SÉ EL CAMBIO QUE QUIERES VER

Querida Lupita:

Estoy en medio de un proceso de divorcio muy doloroso. Yo no quiero divorciarme, pero mi esposa ya no me cree capaz de controlar mi fuerte carácter. No sé si podré, pero no quiero romper a mi familia. Mi esposa está en las cosas de la Iglesia; ¿cómo puede ser tan religiosa y no perdonarme? Ella me ha declarado la guerra; me pide dinero, que sabe que no tengo, ha conseguido que la autoridad me prohíba acercarme a mis hijos. Yo quiero dejar el alcohol, mas, con todo esto, se me hace aún más difícil. ¿Está todo perdido?

Francisco J.

 


 

Hermano mío, Francisco:

El principio cristiano que debe regir nuestras relaciones familiares es Este:

“Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos” (Mt 7, 12).

Si quieres compresión y perdón, debes darlo. La única forma de acabar con una guerra es con el perdón. Ella ya no cree en ti, pero tú sí puedes elegir creer en ella. No te ha perdonado, pero sí puedes perdonarla.

Te duele que ella te juzgue, pero, ¿acaso no estás haciendo exactamente lo mismo con ella? Nada está perdido si te decides a dejar que Dios haga de ti un hombre nuevo. Sé tú quien ama, perdona y comprende.

Te convoco a hacer una buena confesión general. El Papa Francisco nos ha propuesto estas preguntas para un buen examen de conciencia:

¿Sólo me dirijo a Dios en caso de necesidad? ¿Participo regularmente en la Misa los domingos y días de Fiesta? ¿Comienzo y termino mi jornada con la oración? ¿Blasfemo en vano el nombre de Dios, de la Virgen María, de los Santos? ¿Me he avergonzado de manifestarme como católico? ¿Qué hago para crecer espiritualmente, cómo lo hago, cuándo lo hago? ¿Me revelo contra los designios de Dios? ¿Pretendo que Él haga mi voluntad?

¿Sé perdonar, tengo comprensión, ayudo a mi prójimo? ¿Juzgo sin piedad, tanto de pensamiento como con palabras? ¿He calumniado, robado, despreciado a los humildes y a los indefensos? ¿Soy envidioso, colérico o parcial? ¿Me preocupo de los pobres y de los enfermos? ¿Soy honesto y justo con todos? ¿Incito a otros a hacer el mal? ¿Observo la moral conyugal y familiar enseñada por el Evangelio? ¿Cómo cumplo mi responsabilidad de la educación de ms hijos? ¿Honro a mis padres? ¿He rechazado la vida recién concebida? ¿He colaborado a hacerlo? ¿Respeto el medio ambiente?

En relación conmigo:

¿Soy un poco mundano y un poco creyente? ¿Como, bebo, fumo o me divierto en exceso? ¿Me preocupo demasiado de mi salud física, de mis bienes? ¿Cómo utilizo mi tiempo? ¿Soy perezoso? ¿Amo y cultivo la pureza de corazón, de pensamientos, de acciones? ¿Nutro venganzas, alimento rencores? ¿Soy misericordioso, humilde y constructor de paz?

Las nuevas oportunidades se presentan a quienes se han cansado de vivir sin Dios y … ¡se abrazan a Él llenos de esperanza!