QUE SE ACABEN LOS GRITOS EN EL HOGAR

Querida Lupita:

Hace un mes se fue de casa mi esposo. Me dijo que se cansó de los gritos, que iba a ser mejor así. Yo descansé los primeros días, pero al ver cómo hemos afectado a nuestros hijos, me arrepiento de no haber buscado ayuda, de no haber hecho algo por encontrar una solución. Él me dice que quiere volver pero yo tengo miedo de que sea lo mismo de antes. Todos me dicen que él no va a cambiar y que empiece mi vida con alguien más, porque soy joven; pero sé que eso no es lo que Dios quiere. Por favor ayúdame a confiar, a creer en mi esposo y en el poder de Dios para restaurar nuestro hogar.

Esperanza F.

 


 

Hermana mía, Esperanza:

El hogar cristiano debe caracterizarse por la vivencia de dos virtudes: respeto y generosidad. Si no nos respetamos ni somos generosos, estaremos fabricando un ring de peleas constantes.

Normalmente, gritamos a alguien que se encuentra lejos de nosotros para llamar su atención y comunicarle algo que necesitamos que conozca. Se dice que cuando en una casa, estando cerca unos de otros nos gritamos, es que hay una gran distancia emocional; esto significa que no nos sentimos amados.

De acuerdo al Especialista John Yzaguirre, hay cinco actitudes que debemos erradicar para mejorar el clima emocional de todo hogar:

  1. Juzgar, condenar. Es la tendencia a descalificar al otro, considerándolo inferior. La única manera de eliminar esta actitud tóxica es convencernos de que es necesario comprender, tener misericordia y repetirse mentalmente: no quiero condenar, no tengo tiempo para juzgar, eso sólo le corresponde a Dios, que es todo misericordia.
  2. Concentrarse en lo negativo. Consiste en estar viendo con lente de aumento todos los defectos o actitudes indeseables que tiene el otro. La razón por la que tendemos a subrayar lo malo es la falsa creencia de que la felicidad consiste en eliminar lo negativo. Recordemos el siguiente principio liberador: la felicidad no consiste en eliminar el negativo, sino en promover el positivo.
  3. Asumir. Esto significa que yo me considero capaz de conocer los motivos por los que actúa el otro. Esto es totalmente falso. Sólo Dios puede conocer las intenciones; a nosotros nos toca preguntar, ya que es imposible saber lo que hay en la mente y el corazón de los demás.
  4. Legalizar. Es cuando una persona define el bien y el mal según sus criterios personales y se le escucha decir: aquí están mal las cosas por tu culpa. La forma de combatir esta actitud es preguntarse: ¿qué podemos hacer para mejorar la situación?
  5. Hacerse la víctima. Es la persona que, en lugar de ver en qué puede cambiar, se la pasa viendo cómo causar lástima a los demás, contando una y otra vez lo mismo.

Una mala actitud es como una llanta ponchada: si no la cambias, no vas a poder ir a ninguna parte.

Revisemos si tenemos alguna de estas actitudes negativas y decidámonos a cambiar. Hagamos el propósito de vivir el respeto en casa. La primera forma en que podemos iniciar un camino de reconstrucción es proponernos dejar de gritar, y si los gritos aparecen cuando no nos sentimos amados, es tiempo de empeñarnos en demostrar el amor: paciencia, detalles que muestren nuestra consideración, tomar en cuenta las opiniones de todos en casa… vivir las Obras de Misericordia dentro de nuestro hogar.

¡Nacimos para amar! Transfórmate tú para transformar tu ambiente.