ME SIENTO INFERIOR

Lupita: 

 Que Dios bendiga siempre a su matrimonio y a su familia. Por ahora, mi esposa y yo pasamos por un mal momento, y hasta hemos mencionado el divorcio. Ella ha insistido en trabajar y me recuerda constantemente que no me necesita. Tiene hermanas y amigas que han fracasado en sus matrimonios, y presiento que la mal aconsejan.

Noto que se está haciendo adicta al Facebook. Llega a casa a conectarse a la computadora después de saludarme como una extraña. Es buena, pero creo que los dos hemos dejado apagar un poco la flama del amor. Estamos dispuestos a fortalecer nuestro matrimonio y a dialogar y convivir solo los dos. Siempre pensé, desde niño, que mi matrimonio fuera para siempre y voy a luchar por él, porque a mí no me gustaría andar con una y otra, pues nací para una mujer. Lupita, no sé por dónde empezar.  

Gerardo Ch.

 


 

Estimado Gerardo:

Hay gozo en mi alma cuando conozco corazones como el tuyo, que quieren hacer la Voluntad de Dios.

Una de las necesidades básicas de los hombres es la de ser admirados. No te sientes admirado por ella, y eso te descontrola. Esta situación se presenta hoy en muchos hogares. La mujer trabaja, se desempeña con éxito laboral y, tal vez sin querer, va alimentando su ego con el reconocimiento que recibe fuera de casa y altera su jerarquía de valores, de modo que empieza a ser más importante su desempeño profesional que su misión insustituible como esposa y madre. 

También se gesta la postura del varón que permite todo sin exigir nada; quiere que ella no lo abandone, y parece estar de acuerdo en que él no vale nada. Y, con esta actitud, tampoco gana, por parte de ella, la admiración que necesita. 

Lo he dicho a las mujeres, pero en esta ocasión te lo digo a ti y a los hombres que viven una situación similar: No seas la clase de hombre que necesita a una mujer; ¡sé la clase de hombre que una mujer necesita! 

Una mujer así motivada, deja de valorar y apreciar a su esposo, a quien ve con desprecio y se lo hace sentir. Esto genera un círculo vicioso que predice el fracaso matrimonial: “tú no me llenas y mi trabajo, sí”. El hombre responde: “tú no me valoras, y yo voy a controlarte con reproches, malos tratos, insultos…”. Todo esto aumenta el sentimiento femenino, que le dice a ella: “él no vale nada”.

Te recomiendo que elabores un plan de vida. Proponte cambiar vicios por virtudes; empieza una nueva forma de vida más saludable. Esto sacará de ti una mejor versión, y ella podrá apreciarlo. Acudan juntos a Encuentros o Retiros Matrimoniales; pero, además, de tu parte, haz la experiencia de Dios en un Cursillo de Cristiandad o en un Congreso Católico para hombres.

Conserva ese optimismo cristiano que debe caracterizarnos. San Agustín lo expresaba así: “Dios no nos pide cosas imposibles. Dios quiere que hagamos lo que podamos, que le pidamos lo que no podamos y Él nos ayudará para que podamos”.

¿Te admiras a ti mismo? ¿Te valoras como hijo de Dios, portador de su grandeza? Si no es así, no esperes conseguir la admiración de tu esposa. Amando a Dios y a tu esposa, quiérete tan sabiamente a ti, para que logres hacer emerger la mejor versión de ti mismo.