MALTRATO NO ES AMOR

Querida Lupita:

 

Necesito tu consejo porque ya no puedo soportar el maltrato de mi esposo. Tenemos treinta años de casados y el hijo que me quedaba en casa acaba de casarse. Yo no quiero quedarme al lado del hombre que me ha hecho la vida insufrible. Dime que puedo dejarlo y quedarme sola, pues así dice el dicho: “Más vale sola que mal acompañada”. Yo aguanté por mis hijos, pero si ellos ya no están ¿qué caso tiene?

 

Susana

 

Hermana Susi:

 

Después de tres décadas de navegar juntos, no es momento de deshacerte de tu compañero de vida. ¡Es tiempo de renovar su relación!

Si has vivido treinta años de malos tratos es que no has sabido poner límites saludables. En una relación como la tuya -considerada disfuncional- hay dos personas que están actuando de modo incorrecto.

Te recomiendo la lectura del Libro: No te confundas (de mi autoría), en el que vas a encontrar una guía muy práctica para establecer límites con amor.

En estas relaciones tóxicas o abusivas pueden jugarse algunos de estos roles:

  1. El súper macho: Es la típica imagen del hombre que solo se ve a sí mismo. Quiere que satisfagan sus necesidades y no muestra consideración alguna por su mujer y sus hijos. Bebe sin medida, golpea y grita para imponer sus gustos. No se da cuenta del mal que hace a quienes debería proteger. Consume pornografía, comete infidelidades, pisotea los derechos de su familia. Se cree en control porque genera ingresos y mantiene el derruido hogar.
  2. Gutierritos: Es un término acuñado después de que se popularizó un guión de telenovela, en la cual el protagonista era un varón débil y sin carácter, de quien todos abusaban y se aprovechaban. Hoy encontramos hogares así, en los que el hombre deja su papel como líder de familia y, con tal de no tener problemas, cede el mando a su mujer, quien, aunque busca el bien común, hace daño al ridiculizar y minimizar a su propio cónyuge.
  3. La súper hembra: Muchos hogares contemporáneos cuentan con una mamá dominante. Controla lo que quiere obtener de todos. Chantajea, manipula, distorsiona las versiones de los acontecimientos. No ejerce su autoridad con dulzura ni buscando hacer frente común con su esposo.
  4. Mujer sumisa: Es aquella que malinterpreta el llamado cristiano de “cargar la propia cruz”. Cree que debe aguantar, soportar y tolerar todo abuso sin hacer nada. No actúa por prudencia, sino por miedo. No sale de su ignorancia, sino que se hunde más en ella. Vive deprimida, sin esperanza, renuncia amargamente a su felicidad y no contribuye al buen desarrollo de los hijos.

 

Cuando el súper macho se une a la sumisa y la súper hembra se relaciona con Gutierritos, se gestan hogares desgraciados. No se da el caldo de cultivo para la madurez humana; todo lo contrario, se crea un fermento de inmadurez.

Para cambiar estas realidades, no funciona -ni funcionará- la descalificación y el castigo. Necesitamos atender a cada ser humano diciéndole con firmeza que puede cambiar. Cada persona está en busca de la felicidad; solo debe comprender que va por un camino equivocado, y que haciendo algunos ajustes podrá encontrar la senda luminosa que lo lleva a la salida triunfal.

Juntos hasta el final, pero no de manera enferma, sino buscando ser la mejor versión de sí mismos.