Los frutos de las buenas obras

Lupita:

Mi esposo y yo nunca nos hemos llevado bien. Tenemos 20 años de casados, pero no he sido feliz. Ahora sigo a su lado porque está enfermo; pero, de mi parte, ya me hubiera ido. Mis hijos están en la adolescencia y son muy rebeldes. Yo no me meto con nadie porque no quiero más problemas. No tengo amigas. No le encuentro sentido a mi vida.

Alicia B.

 


 

Hermana mía, Alicia:

Cuando nuestra vida no parece tener sentido, es preciso movernos de la posición en la que nos encontramos para poder ver con claridad la verdad: mientras hay vida, hay esperanza. Dios te sostiene en la existencia porque tienes una misión.

Permite que un Médico te revise para descartar o tratar una posible depresión endógena.

El Espíritu Santo habita en ti, pero tu corazón está congelado, y pareciera que el fuego del Amor de Dios no da calidez a tus actos. Me da la impresión de que hace mucho dejaste de amar. Me dices que no has sido feliz, que no te metes con nadie, que tus hijos y tu esposo no responden a tus expectativas. Yo te pregunto: ¿y tú, respondes a las expectativas de tu familia?; ¿tu presencia en casa les ha hecho sentirse felices a ellos?; ¿has sonreído a la vida?

Cuando nos parece que la vida no tiene sabor, nos hace falta ponerle sal.

Dale sabor a tu vida practicando las buenas obras. “¿Por qué ustedes llaman: ‘Señor, Señor,’ y no hacen lo que Yo les digo?” (Lc. 6, 46).

Muchos afirman que no se meten con nadie para evitarse problemas, pero esta frase revela una actitud incompatible con el Cristianismo. Si somos de Cristo, somos seres para los demás, nos interesan los demás, salimos a su encuentro para amarlos. Nuestra Fe no sólo nos pide evitar el Mal, sino, además, hacer el Bien.

Te invito a aprovechar tus circunstancias para hacer buenas obras y obtener sus frutos. Toda buena obra, hecha en Gracia de Dios, es:

  1. Impetratoria: Consigue Gracias especiales del Señor.
  2. Propiciatoria: Aplaca la Divina Justicia.
  3. Meritoria: Hace ganar méritos y premios para el Cielo.

Cuando rezamos el Credo, decimos creer en la Comunión de los Santos; es decir, aceptamos que aquellos que estamos en Gracia (sin pecado mortal), junto con la Iglesia Purgante y Triunfante, podemos actuar unos en beneficio de otros con nuestras buenas obras. Y que cada una de ellas, ofrecida desde el corazón, nos regresa beneficios superabundantes. Así lo explica el Padre Hardon, Sacerdote Jesuita:

El Tesoro de la Iglesia se compone de los méritos infinitos de Jesucristo y de los superabundantes méritos de la Virgen y de todos los Santos. Jesús es el origen de toda Gracia, y su Sacrificio es satisfactorio por los pecados de todo el mundo. Sin embargo, todo hombre que participa de la vida de Dios, en la Comunión de los Santos puede, indirectamente y de forma secundaria, ganar Gracias para otros. Es por eso que el Tesoro de la Iglesia incluye la parte meritoria, propiciatoria, impetratoria y satisfactoria de las obras buenas hechas por sus miembros.

No te quedes en casa porque “no te queda de otra”. Quédate porque en ella Dios te ha dado un taller de amor. Cuida a tu esposo ofreciendo esta buena obra en reparación de tus culpas y las del mundo entero. Ofrece tu esfuerzo por el bien de tus hijos; cambia tu actitud y cambiará el clima de tu bendito hogar.

¡Estás aquí porque tienes mucho amor qué dar!