LA ALEGRÍA DEL AMOR

Querida Lupita:

Soy fiel lector de Semanario y de esta blog tuyo en especial. Yo no conocía al Señor y me junté con mi actual pareja desde hace doce años; tenemos dos hijas. Ahora que tengo mayor conciencia de Dios en mi vida, le he pedido a ella que nos casemos por la Iglesia, pero ella no desea hacerlo. El documento del Papa Francisco, Amoris laetitia, nos dice que estas uniones ya son aceptadas y tengo dudas. No sé si seguir insistiendo o ya estar tranquilo en este tema. Necesito una orientación segura.

Eduardo H.

 


 

Hermano mío, Eduardo:

La exhortación apostólica a la que haces referencia, La alegría del amor, es una confirmación total de la enseñanza milenaria de la Iglesia acerca del valor sagrado del matrimonio. Los medios de comunicación seculares han contribuido irresponsablemente a generar una confusión en torno a este tema. Ellos hablan del Papa Francisco como un líder “progresista” o “rupturista”, que generará alteraciones a las enseñanzas de Cristo que la Iglesia ha custodiado con celo santo desde siempre. Esto no ha sucedido ni sucederá, pues tenemos la promesa de que es el Espíritu Santo quien guía sin error al Cuerpo Místico de Cristo, en materia moral y dogmática.

En cierto modo, me alegra que exista tanta confusión porque me siento llamada a estudiar este documento con detenimiento, como el propio Papa nos pide, e invito a mis lectores a hacerlo también. Nos encontraremos con un bello anuncio de las maravillas del plan de Dios para el matrimonio y la familia.

Amoris laetitia está en perfecta consonancia con Familiaris consortio y con los documentos que a lo largo de la historia se han escrito en torno a la familia. Responde a nuestra realidad, y hace audible el Evangelio para los hombres de hoy.

Para resolver tus dudas, selecciono los siguientes párrafos:

El Punto 297 dice:

Obviamente, si alguien ostenta un pecado objetivo, como si fuese parte del ideal cristiano, o quiere imponer algo diferente a lo que enseña la Iglesia, no puede pretender dar catequesis o predicar; y en ese sentido, hay algo que lo separa de la comunidad (Cf. Mt 18,17). Necesita volver a escuchar el anuncio del Evangelio y la invitación a la conversión… “Respecto a un enfoque pastoral dirigido a las personas que han contraído Matrimonio Civil, que son divorciados y vueltos a casar, o que simplemente conviven, compete a la Iglesia revelarles la divina pedagogía de la Gracia en sus vidas y ayudarles a alcanzar la plenitud del designio que Dios tiene para ellos”.

El Punto 307 incluye:

De ninguna manera la Iglesia debe renunciar a proponer el ideal pleno del Matrimonio. La tibieza, cualquier forma de relativismo, o un excesivo respeto a la hora de proponerlo, serían una falta de fidelidad al Evangelio. Comprender las situaciones excepcionales nunca implica proponer menos que lo que Jesús ofrece al ser humano.

Hoy, más importante que una pastoral de los fracasos, es el esfuerzo pastoral para consolidar los matrimonios, y así, prevenir las rupturas.

Hermano mío, insiste con amor misericordioso en tu deseo de darle valor sacramental a tu unión. Ora por tu esposa e hijos y encomiéndalos a María Santísima. Ella, Madre amorosa y comprensiva, entrará al corazón de tu mujer para que anhele con entusiasmo una probadita de Cielo, estando bien ante Dios y alimentándose de la Eucaristía, prenda del Cielo en la Tierra.