HAZ QUE TU SONRISA CAMBIE AL MUNDO

Querida Lupita:

Hace unos meses descubrí unos mensajes en el celular de mi esposo, que lo delataban. Estaba coqueteando con alguien de su trabajo. Estuve investigando y vigilándolo. Él se dio cuenta y se enfureció conmigo. Al sentirse descubierto, me juró que no había nada y que nunca pondría en riesgo a su familia. Al parecer, dejó esa relación y nosotros seguimos unidos con nuestros tres hijos, pero ahora vivo enojada con él. Yo quiero perdonarlo, pero no se me olvida lo que leí. Esta experiencia nos ha amargado la vida

 

Ma. Socorro G.

 


 

Hermanita mía, Coco: 

 La amargura no es algo que deba quedar sembrado para siempre. Una mala experiencia podrá quitar la sonrisa de tu rostro por un tiempo, pero no tiene que ser por el resto de tu vida.

No dejes que el mundo cambie tu sonrisa; haz que tu sonrisa cambie al mundo.

Es verdad que uno de los más grandes dolores morales que una persona pueda enfrentar es el de la infidelidad. Hoy suman cientos de miles las rupturas matrimoniales por este motivo, y qué decir de las devastadoras consecuencias emocionales en los hijos, los padres y la Sociedad en general.

La infidelidad es un mal que hemos de erradicar.

Una vez que hemos decidido perdonar y que existe el anhelo de mantener la unidad familiar, es necesario cultivar la mejor actitud. Recomiendo ampliamente la lectura del Capítulo IV de la Exhortación Apostólica Amoris laetitia, que se refiere al amor en el matrimonio. En los puntos 105 y 106 encontramos las siguientes reflexiones:

Si permitimos que un mal sentimiento penetre en nuestras entrañas, dejamos lugar a ese rencor que se añeja en el corazón. Una persona que «toma en cuenta el mal», «lo lleva anotado», se hace rencorosa. Lo contrario es un perdón que se fundamenta en una actitud positiva, que intenta comprender la debilidad ajena y trata de buscarle excusas a la otra persona, como Jesús cuando dijo: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lc. 23,34). Pero la tendencia suele ser la de buscar más y más culpas, la de imaginar más y más maldad, la de suponer todo tipo de malas intenciones, y así el rencor va creciendo y se arraiga

Cuando hemos sido ofendidos, el perdón es posible y deseable, pero nadie dice que sea fácil. La verdad es que «la comunión familiar puede ser conservada y perfeccionada sólo con un gran espíritu de sacrificio. 

Empieza con un cambio de actitud en tu corazón. ¡Esto es amor!: elige perdonar sinceramente, vivir como si la ofensa no se hubiera dado. ¡Sonríe! La ciencia afirma el poder transformador que tiene una sonrisa. Pau Navarro publica en su Blog algunos de los beneficios de sonreír:

Si sonríes, incluso aunque no sea genuinamente, tu cerebro entiende que estás sonriendo, y que, por lo tanto, hay algo que debe estar poniéndote contento, así que comenzarás a sentirte más alegre. El cerebro libera sustancias capaces de alegrarte. Intenta sonreír un poco más y empezarás a sentirte mejor.

No vivas tu presente en función de algo que pasó. No puedes cambiar el pasado, pero sí puedes cambiar tu presente. Escucha a San Pablo y esmérate en seguirlo e imitarlo:

Como cristianos, estén siempre alegres; se lo repito: estén alegres. Que todo el mundo note lo comprensivos que son (Fil. 4, 4). 

Tu familia no se rompió ni se romperá. ¡Cambia tu actitud!