EL PODER DEL ROSARIO

Lupita:  

Siento que mi matrimonio se está acabando sin remedio. Hemos buscado a Dios y hemos asistido a retiros y conferencias, pero las cosas cada vez están peor. Primero él me fue infiel, y luego yo. Nos perdonamos y decidimos empezar de nuevo, pero ahora no puedo tenerle confianza. Sospecho de todo, le insinúo cosas y él me responde con ofensas. Los dos estamos desgastados y no podemos llevarnos bien. Nuestros hijos están en medio de un ambiente negativo, que les afecta mucho. ¿Qué puedo hacer? 

Consuelo C

 


 

Querida Connie: 

Antes de leer tu carta, recibí el testimonio de una mujer que me decía cómo se salvó su matrimonio milagrosamente, gracias al rezo del Santo Rosario. Ella ofreció a la Virgen rezar esta bella oración todos los días por la unidad de su familia. Y fue justamente en octubre, mes del Rosario, cuando su esposo tocó a la puerta, pidió perdón e inició la reconstrucción de su hogar. 

 Escuché su experiencia y me di cuenta de que se unieron varios elementos para que este buen final se presentara en su vida:

  1. En primer lugar, ella cultivó una vida de Fe. De rodillas, y con lágrimas, suplicó a la Virgen que interviniera en un caso totalmente perdido a los ojos humanos.
  2. Mientras se internaba en una vida de oración, su carácter fue suavizándose. Sus deseos de venganza se iban desvaneciendo y aparecía un deseo de servir a los demás, dejando un poco de lado su propio dolor para empatizar con el de los otros.
  3. Su confianza en Dios fue aumentando. Su nueva actitud le hacía caer menos en guerras y disputas. Fue interesándose en conocer la Palabra de Dios; dejó de dedicar tiempo a la televisión de ‘entretenimiento’ y se involucró con personas optimistas que le hablaban de la esperanza cristiana. Empezó a participar en grupos de apostolado en su parroquia.
  4. Esta nueva forma de vida la hizo conocerse más. Se dio cuenta de que había inmadurez en su personalidad, se dejaba llevar por sus corajes y sentimientos, en lugar de tomar decisiones en función de ideales.
  5. Estaba haciendo la voluntad de Dios en su vida. Quiso imitar a María Santísima e ir guardando todas las cosas en su corazón. Elegía a Cristo cada vez que tenía alguna duda sobre su actuar. 

 El resultado: Dios fue actuando en el corazón de aquel esposo, por intercesión de María.

Durante una caminata, pasé al lado de un sembradío de girasoles. Me impactó verlos secos. Me parecía que se habían quemado. Al acercarme, me di cuenta de que estaban llenos de fruto. La semilla madura sólo esperaba a ser cosechada. 

 Muchas veces, es después de un incendio como la tierra da lo mejor de sí. Después de una crisis que parece acabar con todo, puede surgir el fruto maduro del amor de verdad.