DESILUSIÓN EN EL MATRIMONIO

Querida Lupita:  

He visto tus conferencias en YouTube y tengo un sincero deseo de mejorar mi vida matrimonial, pero hay total desilusión de parte de los dos. Ni ella es lo que yo esperaba, ni yo lleno sus expectativas. Tenemos tres hijos: de 16, 13 y 10 años. Por ellos no nos hemos separado, pero ya no hay entusiasmo ni algo especial entre nosotros. Francamente, he hecho todo lo posible de mi parte, mas ella nada hace ni tiene interés. ¿No es absurdo seguir así? 

Juan M.

 


 

Querido Juan:

San Juan Pablo II nos advertía, en la Exhortación Apostólica Familiaris Consortio, lo que perdemos al desconocer el bien precioso que significa el matrimonio y la familia para la humanidad entera. 

Un matrimonio que supera sus dificultades y alimenta su amor, es un bien necesario e indispensable en este Siglo XXI. No contribuyas a todo este destejido social, que tanto afecta el desarrollo emocional sano de niños y jóvenes. 

El Documento nos exhorta:

“Debe realizarse todo esfuerzo razonable para hacer comprender la Doctrina Católica sobre las cualidades y exigencias del Matrimonio”. 

Te encomiendo a ti y a tu esposa, a todos los matrimonios que pasan por dificultades, para que, a la luz de la Palabra revelada y las enseñanzas del Magisterio, sepan buscar soluciones y orienten todos sus esfuerzos en búsqueda de la unidad.

La vida matrimonial avanza a través de diversas etapas, que son normales. Algunos autores las comparan con las Estaciones del año. Vivimos una especie de primavera del amor al principio, cuando todo es bello, lleno de flores, seguimos enamorados y alimentamos la relación con detalles y buen trato. Enseguida, el verano se caracteriza por sus frutos: vienen los hijos y se va consolidando un patrimonio, la certeza de un trabajo productivo. En el otoño llegan momentos que nos hacen enfrentar el paso de los años, nuestras facultades ya no están al 100%, y experimentamos algunas pérdidas. Durante el invierno la relación se vuelve fría y distante, pero no ha muerto, aunque a veces así parezca. 

El invierno nos convoca a generar un ambiente cálido; hemos de esforzarnos en crearlo. Dile a tu esposa que quieres renovar el amor, invítala a un viaje solos. Modifiquen su rutina, busquen nuevos intereses comunes, tomen una clase juntos, practiquen algún deporte, salgan a caminar  

Cada etapa tiene sus complicaciones y sus bendiciones. Lo importante es la actitud con la que decidimos vivirlas. 

Tal vez te encuentras en un momento de invierno… No acabes la relación, mejor ¡enciende el fuego tomados de la mano! Dense la oportunidad de platicar para reconquistarse. Hagan una cita semanal sólo para conocerse más. El amor se alimenta. Requiere trabajo y dedicación. 

Dale a ella lo mejor de ti; rompe en pedazos tu apatía y desilusión. ¡Rompe tu orgullo! 

Si estás casado por la Iglesia, recurre a las Gracias que se te han otorgado en el Sacramento del Matrimonio: haz oración por ella y pide a Dios que te dé las cualidades que necesitas para complementar idealmente a tu mujer. 

“Cuando creí que el fuego de nuestro amor se había apagado, removí las brasas y… ¡me quemé las manos!”