¿CON QUÉ VAS A CUIDARTE?

Querida Lupita:

Mi hija recibió una capacitación sobre derechos reproductivos y sexuales. Ella dice que para ser feliz no necesita hijos, y que va a cuidarse desde ahora con los mejores métodos; que va a tener un hijo cuando lo desee, y nunca por error; que, en caso necesario, también es su derecho el aborto. Está convencida de que puede tener sexo con quien quiera y que es una forma de obtener el placer que merece.

Yo estoy dolida y decepcionada. Somos un hogar católico y nuestras enseñanzas sobre el amor fiel son consideradas una basura.

María E.

 


 

Estimada en Cristo, María:

He aquí el escenario al que nos llevan la influencia del feminismo radical y la ideología de género. En ellos se maneja el concepto de que el sexo no es dado por naturaleza. Se habla de género en vez de sexo, pues este término admite la clasificación de neutro. No se basa en la biología sino en los sentimientos. Asocia el amor con el placer, y reduce el fin de la sexualidad humana a la búsqueda de ese placer como un derecho.

La visión cristiana es muy otra. La sexualidad humana tiene base natural y está al servicio del amor y de la vida. El fin último no es obtener placer, sino que este es un fruto del acto conyugal, con el que se expresa amor.

Desde la aparición de los anticonceptivos, las familias han ido cediendo poco a poco a la postura práctica del uso de ellos para limitar el número de hijos. Empezamos hace un par de generaciones a preguntar a nuestras hijas antes de su matrimonio: “¿Y con qué vas a cuidarte?”; luego, ya no se mencionaba antes de su boda, sino al iniciar sus noviazgos, para llegar al punto en que, en este Siglo XXI, se adoctrina a las niñas desde los 9 años para que “se cuiden”, e incluso se les vacuna contra infecciones de transmisión sexual, puesto que se practica la promiscuidad desde edades muy tempranas.

En la profética encíclica Humanae Vitae se nos llama a emprender una educación profunda y luminosa acerca del amor y del progreso humano, con base en la certeza de que el hombre no puede hallar verdadera felicidad sino en el respeto de las leyes grabadas por Dios en su naturaleza, y que conviene observar con inteligencia y amor.

Es de vital importancia respetar la naturaleza y finalidad del acto matrimonial.

Necesitamos emprender con pasión esta educación. Hablemos con convicción de la belleza del plan de Dios para el matrimonio y la familia. Es una verdad luminosa que brilla por sí misma y que resonará en el corazón de cada joven enamorado. ¡Todos queremos un amor para toda la vida!

Las personas educadas en el valor del amor esponsal caminarán por una senda segura y llena de bendiciones: hogares unidos en donde se respira una atmósfera de respeto y generosidad. Y aquellas que libremente acepten las aseveraciones de la ideología de género, aceptarán también sus consecuencias: infidelidades, hogares rotos, abusos, violaciones, enfermedades de transmisión sexual, violencia, aborto, con todas sus implicaciones físicas, psicológicas y espirituales.

Son tiempos difíciles para quienes queremos vivir las exigencias cristianas; tiempos de estudiar y profundizar. Invito a mis lectores a conocer la Teología del Cuerpo y el Método Billings para un ejercicio pleno, sabio y responsable de su sexualidad.