40 DÍAS PARA RECONSTRUIR EL AMOR

Lic. Lupita:

 En nuestro matrimonio, ya de ocho años, estamos entrando en un período de rutina que nos está alejando a mi esposa y a mí. He hablado con ella y me dice que yo dedico demasiado tiempo a mi trabajo. Yo quiero que ella entienda la necesidad de construir un patrimonio para la familia, y que son tiempos de generar bienes y ahorro. Por otra parte, me siento desmotivado de llegar a casa en un ambiente en donde no me dan importancia, siempre hay reclamos y poco o nada de buen humor. Mi postura ha sido evitar esos contratiempos, pero siento que se está creando más distancia entre los dos. Estoy seguro de que estamos a tiempo de hacer algo. Simplemente, no sé por dónde empezar.

 Aurelio

 


 

Muy estimado en Cristo, Aurelio:

Hay vicios en las relaciones conyugales, que deben evitarse a toda costa: la rutina, las faltas de respeto, la escasa convivencia, la ausencia de buen humor, etc.

El tiempo cuaresmal es óptimo para ofrecer esfuerzos personales en favor de los demás, procurando, mediante ellos, hacer la voluntad de Dios. Usa estos 40 días para convertirte en la mejor versión de ti mismo y disfrutarás de una renovación muy favorable en el clima de tu matrimonio.

El número 40 es un simbolismo bíblico que nos hace evocar los 40 días del Diluvio Universal, los 40 años de peregrinación de los judíos rumbo a la Tierra Prometida, los 40 días que Elías y Moisés pasaron respectivamente en la montaña y los 40 días que ayunó Jesús en el desierto. El número 4 se refiere al universo material, y al ser seguido de un cero, nos habla del tiempo de nuestra vida, que implica pruebas diversas.

La forma más efectiva de enfrentar las dificultades en el matrimonio consiste en modificar las propias conductas.

Kelly narra, en el prólogo de su libro sobre intimidad, un inspirador episodio en la vida del matrimonio formado por Sara y David. Él se encontraba de camino a su casa de verano. Escuchaba una conferencia en el auto sobre el verdadero amor. Comprendió que no se trataba solo de sentir bonito, sino de elegir dar gusto al amado, por su bien y para su bien. Pensó por unos instantes en la rutina y el sinsabor en el que estaban inmersos ya hacía algún tiempo, y decidió pasar las próximas dos semanas haciendo felices a su esposa y a sus tres hijos. Al llegar, la saludó con un “¡Qué linda estás!”. Sara estaba gratamente sorprendida. Continuó eligiendo siempre hacer felices a los suyos. Lo hizo tan bien, que su hija preguntó en secreto a mamá: —¿Mi papá ganó un premio?

Al finalizar las vacaciones, él se sentía muy satisfecho. La convivencia, esta vez, había sido un éxito. David estaba meditando y decidiendo seguir igual, cuando su esposa, entre lágrimas y con rostro desencajado, le preguntó, retadora:

—Tú sabes algo, ¿verdad? Antes de venir me hice un chequeo. ¿Te dieron los resultados? ¿Tengo algo grave?, ¿voy a morir?

—Mujer, ¡qué pregunta es esa!, ¿por qué lo dices?

—Estas vacaciones te has portado como nunca: ¡me has consentido tanto!; algo debes saber… El doctor te dijo que moriré, ¿no es cierto?

David la abrazó tierna y firmemente, diciendo:

—No, amor, tú no te vas a morir…¡yo estoy empezando a vivir!

La oración del santo de Asís nos recuerda que es dando como recibimos, y muriendo a nosotros, como nacemos a la vida eterna. Decídete ahora, y cambia tú.