ORACIÓN Y ACCIÓN POR NUESTROS HIJOS

Querida Lupita:

Perdoné a mi esposo una infidelidad y él volvió a casa después de dos años. Está arrepentido y nos ha pedido perdón a todos. Vemos cambios muy positivos y creemos que Dios ha restaurado nuestra familia. Sin embargo, mi hija mayor, que tiene 15 años, está muy lastimada, pues ella fue quien sorprendió a su papá y se vino la tragedia. No considera justo que su padre esté de regreso; tiene miedo de volver a pasar por todo lo vivido; se ha vuelto muy grosera y se encierra en su habitación siempre. Mi esposo y yo estamos preocupados y no sabemos cómo acercarnos a nuestra hija. ¿Qué podemos hacer?

Ma. Eugenia D.

 


 

Hermana mía, Maru:

Teresa “la grande” solía decir:

“El miedo me paraliza; ¡el amor me hace volar!”

La delicada edad por la que atraviesa tu hija le hace más difícil digerir tanto dolor. Lo que podría ser una alegre noticia se ha convertido en un revivir momentos tormentosos. Es importante darle tiempo y cariño. Dialoguen con ella llenos de comprensión. Abrácenla estrechamente y lloren juntos. Muestren, con su vida, el poder sanador del perdón.

En la mente de nuestros hijos hay un anhelo vital: que sus padres se amen para siempre. Cuando llega la traición, los hijos mueren en vida, sus emociones son un torbellino difícil de detener. Se les cae el mundo.

En una de sus catequesis sobre la familia, el Papa Francisco pronunció estas palabras, llenas de verdad:

“El vaciamiento del amor conyugal difunde resentimiento en las relaciones. Y, a menudo, la desunión ‘cae’ encima de los hijos.”

A veces, los medios a nuestro alcance no son suficientes. Les recomiendo, además, acudir a las ayudas sobrenaturales. Compartiré con ustedes una oración poderosa a San Joaquín y Santa Ana —padres de la Virgen María—, en la que pedimos su intercesión en favor de su hija, y pueden rezar juntos, con mucha Fe, una Novena.

San Agustín advertía acerca de no caer en supersticiones a través de este tipo de oraciones; no se trata de usar una tradición para que se cumpla un gusto. Cuando pedimos la intercesión de un santo, debemos tratar de imitar sus virtudes. Pueden imaginar la calidad de padres que tuvo María Santísima: ellos formaron un hogar modelo. Ustedes están invitados a reconstruir su historia con los criterios de Cristo: los dos, comprometidos con la educación en virtudes, decididos a amarse fiel y exclusivamente hasta el final.

He aquí la oración:

Gloriosísimos padres de María Santísima, amados abogados nuestros:
Nos alegramos con ustedes de aquel consuelo que tuvieron cuando, después de muchos ruegos y oraciones, les avisó el ángel que habían de tener una hija tan Santa.
Mírennos aquí, postrados a sus pies. Les suplicamos nos reciban como humildísimos siervos para reverenciarlos y amarlos. Es verdad que no merecemos esta Gracia, pero confiamos que lo harán por el amor de María Santísima y por los méritos de Jesús. Intercedan para sanar el corazón de nuestra hija. Acuérdense de nosotros ahora, y sobre todo en la hora de nuestra agonía; asístannos junto con Jesús, María y José.
Amén

Cristo nos enseñó a orar con insistencia, e hizo la promesa de que todo aquel que pida, recibirá (Mt 7,8). Seamos testigos del poder que tienen los padres que oran.