MI HIJO NO QUIERE CONFIRMARSE

Lupita:

Ya vienen las Confirmaciones en mi Parroquia y, con mucha tristeza, escuché a mi hijo de 15 años decir que no quiere confirmarse. Dice que no está seguro de compartir nuestra Fe, y yo le argumenté que la Confirmación es justamente para estar seguro. Mi esposo y yo estamos muy confundidos porque nunca esperamos esta reacción de él. ¿Debemos forzarlo? ¿Cómo podemos convencerlo?

Sisi y José

 


 

Queridos padres de familia: 

¡Los Sacramentos son ganancias para nosotros!, y esto debemos saber transmitirlo. Ciertamente, quien va a confirmarse debe acercarse con docilidad y disponibilidad para ser verdadero soldado y apóstol de Cristo. 

Con el Bautismo y la Eucaristía, el Sacramento de la Confirmación constituye el conjunto de los Sacramentos de la Iniciación Cristiana, cuya unidad debe ser salvaguardada. La recepción de este Sacramento es necesaria para la plenitud de la gracia bautismal. Nos une más íntimamente a la Iglesia y nos enriquece con una fortaleza especial del Espíritu Santo. De esta forma, nos convertimos en auténticos testigos de Cristo y nos comprometemos a extender y defender la Fe con palabras y obras.
(1285, Catecismo de la Iglesia Católica, CIC)

Cuando desconocemos nuestra Fe, nos perdemos los efectos maravillosos que tienen los Sacramentos en nuestra vida cotidiana y eterna. En el caso de la Confirmación, tales efectos son:

  • Nos introduce más profundamente en el conocimiento de ser hijos de un Padre que nos ama. 
  • Nos une más firmemente a Cristo.
  • Aumenta en nosotros los dones del Espíritu Santo. 
  • Hace más perfecto nuestro vínculo con la Iglesia. 
  • Nos concede una fuerza especial del Espíritu Santo para difundir y defender la Fe mediante la palabra y las obras como verdaderos testigos de Cristo; para confesar valientemente el nombre de Cristo, y para jamás sentir vergüenza de la Cruz. 

Aunque resulte predecible una cierta rebeldía en nuestros adolescentes, no nos desalentemos ante sus negativas frente al crecimiento espiritual. No lo obligues ahora, pero habla mucho con él. Nuestra tarea es modelar para ellos los valiosos tesoros que tenemos y con paciencia mostrar sus maravillas. 

Pidamos que el Espíritu Santo nos conceda sus dones y, sobre todo, que nos haga vivir sus frutos; es decir, las perfecciones que forma en nosotros el Espíritu Santo como primicias de la Gloria Eterna. La Tradición de la Iglesia enumera doce: caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia, castidad (1832, CIC). 

La Fe no se impone, pero sí se propone. A lo largo de este año, ustedes, como padres de familia, vivan su cristianismo día a día: inviten a sus hijos a orar por la mañana para agradecer y ofrecer sus acciones; a bendecir los alimentos; a dar gracias en las noches haciendo una pequeña evaluación de qué tan cristianamente vivimos la jornada: a quiénes ayudamos, por quiénes hicimos algo para que se sintieran felices, cómo y cuánto tiempo dedicamos a conocer más de Dios y de la Iglesia. Pidan perdón por las faltas de caridad que ese día tuvieron para con sus hijos, para con su esposo o esposa. Evalúen sinceramente si hicieron vida los frutos del Espíritu: ¿He sido paciente, bueno, alegre, fiel?

¿Está cerrado el corazón del tu hijo?, recuerda que las puertas estaban cerradas y aun así irrumpió el Espíritu Santo en aquella sala de hombres que oraban en torno a María Santísima. Hoy nos toca a nosotros orar en compañía de nuestra Madre y rogar para que a nuestros hijos y a nosotros mismos nos inunde esa valentía arrolladora del Espíritu de Dios.