DESTRUCTORES DEL ESPÍRITU NAVIDEÑO Y SUS ANTÍDOTOS

Preparémonos para llevar el verdadero espíritu de la Navidad a la cena de Noche Buena y a lo largo de todo el año. ¡Navidad es el nacimiento Cristo en mí! Cristo es humildad, bondad y bendición siempre.

Pero no puede reinar si el espacio de nuestro corazón está lleno de ladrones del espíritu navideño que nos atacan con tres grandes obstáculos:

  1. Prejuicios 
  2. Resentimientos 
  3. Egoísmo 

El prejuicio implica juzgar antes de conocer. Aquí entran las suposiciones. Me enojo con el otro porque creo saber sus intenciones, como cuando hago un berrinche interno porque me doy cuenta de que alguien no dedicó el mismo tiempo que yo en preparar un alimento o regalo, y supongo que es porque no soy importante para esa persona, y además, “quiere” ofenderme. 

Los resentimientos suelen ser respuesta ante prejuicios. Puedo sentir tristeza o desilusión por algo o alguien, y esto es natural; pero el resentimiento implica que he estado alimentando mi pensamiento negativo, y empiezo yo mismo a generar rencor en mi corazón. 

El egoísmo quita a los demás de mi panorama, para verme solamente a mí. Cuando soy egoísta me empeño en hacer lo que yo quiero, sin importar si esto afecta a los demás o si los ofende. 

Si deseamos arrojar fuera a estos ladrones del espíritu navideño, debemos equiparnos con sus más eficaces antídotos: diálogo asertivo, vida espiritual y amor. Esto es: evitar prejuicios dialogando sin ofender, buscando comprender; acabar con los resentimientos en oración y reflexión, y decidiéndonos a amar, a devolver bien por mal.

Reflexionemos con el Documento Amoris laetitia, que en los Puntos 103 y 104 nos dice: 

Estamos invitados a evitar prejuicios y resentimientos: Se trata de una violencia interna, de una irritación no manifiesta que nos coloca a la defensiva ante los otros, como si fueran enemigos molestos que hay que evitar. Alimentar esa agresividad íntima no sirve para nada. Sólo nos enferma y termina aislándonos. 

Y estamos convidados a amar como Dios ama: El Evangelio invita más bien a mirar la viga en el propio ojo (Cf. Mt 7,5), y los cristianos no podemos ignorar la constante insinuación de la Palabra de Dios a no alimentar la ira: «No te dejes vencer por el Mal» (Rm 12,21). «No nos cansemos de hacer el Bien» (Ga 6,9). Una cosa es sentir la fuerza de la agresividad que brota, y otra es consentirla.

Dennis Doren dice en una bella meditación: Navidad eres tú cuando decides nacer de nuevo cada día y dejar entrar a Dios en tu alma.

 ¡Sin importar la actitud de los demás, siembra tú el Espíritu de Navidad!