CÓMO CULTIVAR LA ESPERANZA


Querida Lupita
:

Con dolor en mi corazón te relato que mi hijo ha recaído en el consumo de mariguana. Estuvo en un proceso de rehabilitación por un año, pero de nada sirvió. Es triste haber guardado una gran esperanza mientras él estuvo ahí, y ahora enfrentar esto. Mi familia está rota. Mi mujer vive ahora con otro hombre; uno de mis hijos está con ella, y otro conmigo. En mi pasado viví con mis criterios y mi soberbia. He cambiado mucho, he buscado a Dios, me siento más dichoso en muchos sentidos, solo que esto me frustra y no quisiera restarle a mi ánimo; necesito recuperar la esperanza.

Ezequiel G.

 


 

Hermano mío, Ezequiel:

Este no es el final de la historia. Cuando un padre lucha por sus hijos y en este esfuerzo se mejora a sí mismo, el buen final llegará. El esfuerzo es tuyo; el resultado es de Dios. Mantente firme en la convicción de dar lo mejor de ti mismo y no cuentes todo el tiempo en que has luchado, sólo persevera considerando que hoy es el primer día del resto de tu vida.

El Dr. Enrique Rojas, experimentado psiquiatra contemporáneo, sostiene que la felicidad es un estado de ánimo satisfactorio, donde tú haces una interpretación positiva de la realidad. Lo mejor para no restar a tu ánimo es re-interpretar o re-significar lo sucedido. Si observas con atención, podrás descubrir que en medio de tu fuerte crisis has tenido el mejor regalo: un acercamiento a Dios. Antes de este profundo dolor, llevabas una vida desordenada, tal vez superficial, materialista, como nos la plantea el mundo del tercer milenio. El resultado fue la ruptura familiar y su consecuente sufrimiento.

Pero, a pesar de todo, puedes reconstruir tu vida desde la Fe. Dicen que el enemigo de las almas sabe poner murallas, pero no techos. Los cristianos tendremos obstáculos, pero jamás perderemos la esperanza.  Para cultivarla, necesitamos alimentarnos de la Palabra de Dios, hacer oración constantemente, hacer el bien a nuestros hermanos y fortalecernos en la Eucaristía.

Así hablaba San Pablo desde la persecución y el cautiverio:

Porque estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos (2 Cor. 4, 8-9).

¡Haz tuyas estas palabras!

Cada día es un nuevo principio; tienes ante ti un desafío de amor y vas a enfrentarlo con el Poder del Omnipotente. Tu ejemplo de vida va a multiplicar los resultados de todas tus oraciones y esfuerzos.

Recuerda que, más que dar instrucciones a nuestros hijos, ellos requieren motivaciones. La siguiente frase aparece en la historia clásica de El Principito: “Si quieres construir un barco, no empieces por buscar madera, cortar tablas o distribuir el trabajo. Evoca primero en los hombres y mujeres el anhelo de un mar libre e infinito.

Haz que tu hijo descubra la grandeza a la que fue llamado. Insiste con serenidad, ofrece, invita, ama. El buen final llegará.

No renuncies solo porque las cosas se pusieron difíciles. Recuerda: si vale la pena, no será fácil.