ADOLESCENTES CON IDEAS SUICIDAS

Las estadísticas mundiales revelan que son cada vez más los adolescentes que intentan suicidarse, y muchos de ellos lo consiguen. La cultura de la muerte, tan vivamente difundida a través de los Medios de Comunicación, está esclavizando las mentes de quienes integramos la Sociedad. Y todo esto resulta lógico si reconocemos que hemos sacado a Dios de nuestras vidas. Hemos olvidado quiénes somos: creaturas hechas a imagen y semejanza Suya.

Sin un Dios como referente, sin un Soberano a quién rendir honor, el hombre pierde el sentido de su vida, desconoce su propio valor y se pierde en la nada de su propia existencia devaluada. Somos como plantas sin raíces y nos secamos hasta morir. En palabras de Santiago Martínez Sáez: “El hombre tiene raíces, tiene naturaleza. Esta naturaleza exige una determinada conducta con una precisa finalidad. Sin ella, la persona no tiene futuro, no tiene destino. Sólo una antropología acertada puede salvar a una Sociedad angustiada”.

He aquí el origen de tanta desolación: el hombre se ha erigido a sí mismo como su propio rey: Yo digo lo que quiero y cuando lo quiero, incluso si quiero o no vivir. Ya nada es don; por nada agradecemos y todo lo exigimos.

Las ideas suicidas anidan en corazones dañados. Personas que sólo son capaces de verse a sí mismas, se preguntan quién las quiere, quién les hará felices, quién les cubrirá sus necesidades. Pero no van más allá de sus propias fronteras y se hacen incapaces de ver que hay otros que les necesitan.

Ahora bien, ¿cómo actuar cuando alguno de nuestros hijos adolescentes tiene estas ideas?

Debe descartarse, desde luego, el origen bioquímico cerebral. Los Psiquiatras afirman que puede existir una lesión en el sistema nervioso o complicaciones de enfermedades al nacimiento, de las que surgen problemas de angustia y descontrol de los impulsos. Estos últimos son causantes de intentos suicidas.

Los padres deben aplicarle los primeros auxilios psicológicos recomendados por el Doctor Andrés Pérez Barreno, fundador de la Sección de Suicidología, de la Asociación Mundial de Psiquiatría; estos son:

  1. Tomarlo muy en serio; no dejarlo solo, por ningún motivo.
  2. Escucharle sin juzgar, haciéndole preguntas abiertas: ¿Por qué quieres hacerlo?; ¿qué quieres solucionar con ello?; ¿cómo piensas hacerlo?; ¿cuándo y en dónde? Facilitar que él se exprese libremente.
  3. Ofrecerle posibles soluciones a los problemas que el implicado presenta y desaprobar la aparente solución suicida.
  4. Tomar una acción concreta: involucrar a familiares y amigos; o acercarse a las fuentes de Salud Mental.
  5. Evaluar los progresos y retrocesos de su hijo adolescente.

Solo la fuerza del amor y la oración pueden sanarlo. Deben dejar lo que tengan que dejar para vivir cuidándolo cuerpo a cuerpo, como al acompañar a un bebé. No importan los sacrificios que deban hacer, porque la vida de su hijo es invaluable. No esperen a darse cuenta cuando ya no esté.