EL FRACASO Y EL ÉXITO SON TEMPORALES

Es común encontrarnos con una sensación de frustración en impotencia cuando las cosas no salen bien. Sentimos insatisfechos, parece que no hay esperanza, nos desanimamos e incluso hay quienes se deprimen. En este estado de ánimo, con frecuencia, encontramos a personas que se victimizan y justifican el no buscar un cambio con su mismo fracaso: “¿para qué si todo me sale mal?”.

Sin embargo, tanto el fracaso como el éxito son temporales. Los dos pasarán. No somos más valiosos cuando hacemos las cosas bien, ni somos menos cuando las hacemos mal. Es posible tomar malas decisiones; pero eso no equivale a ser un fracasado. El camino al éxito pasa por varias experiencias de reveses.

El primer paso a seguir es el de contemplar el propio valor como ser humano. Reconócete como hijo de Dios y actúa como tal. Un hijo de Rey se conducirá con la dignidad de un príncipe. Esto implica un esfuerzo por la mejora personal: hay que iniciar una rutina de triunfador. La cual supone un horario flexible, exige ejercicio físico, entrenamiento psicológico, y tiempo para el desarrollo espiritual.

Recomiendo la lectura del Libro No tengas miedo de Francisco González. En él, entre otras valiosas enseñanzas, nos señala cinco puntos para sacar provecho de los fracasos:

 

  1. Cuida tu actitud: No importan las veces que caes, sino las veces que te levantas. Piensa en el ideal de tu vida y persíguelo insistentemente.
  2. Di las palabras correctas: Si te has repetido frases como “todo me sale mal”, “nada me resulta”, “soy un fracaso…”, cámbialas por: “Soy valioso”, “lo intentaré siempre”, “viene lo mejor”, “sí puedo”.
  3. Ve el éxito y el fracaso como parte de un mismo camino: “El fracaso no es malo si no enferma el corazón, y el éxito es bueno si no se sube a la cabeza”. Prepárate para el momento en que se presente una mejor oportunidad. Aprovecha tu presente preparándote.
  4. Mantén un sano sentido del humor: no le des poder a tus errores; vive con espíritu de aprendiz; no te tomes a ti mismo demasiado en serio. Un error es solo eso, un error.
  5. Aprende de tus errores: si tu fracaso te dejó una lección, valió la pena vivirlo.

 

El éxito tiene un precio: esfuerzo constante, preparación, verdadera superación personal. Basta de quejas y de discursos auto-dirigidos en los que te presentas a ti mismo como una víctima de tus circunstancias.

La familia es un estímulo muy importante; por eso te sería más fácil empezar de nuevo si cuentas con el apoyo de los que están cerca de ti. Valga este mensaje para todos los familiares de quienes se sienten confundidos y desanimados: la falta de solidaridad, no ayuda en nada, sino que significa una carga mucho más pesada de llevar.

Como siempre, la clave está en la presencia de Cristo en el hogar. Un Cristo que inspira comprensión, cariño, respeto y apoyo a aquél que experimenta debilidad y necesita menos señalamientos y más amor.