AMOR VERDADERO Y AMOR DESHECHABLE

Lupita:

 Yo creo en el amor y quiero cambiar la mentalidad de los jóvenes. Tengo 18 años. Llevo seis meses saliendo con un chavo que me gusta y yo le gusto a él. Pero no me ha dicho que me quiere o que me ama y ha insistido, en varias ocasiones, en tener relaciones sexuales. Es un chico muy atractivo y ha andado con tres chavas antes que yo. Él me gusta mucho, pero no quiero ser una más. ¿Cómo lograrlo?

María del Carmen F.

 


 

Querida Mary Carmen:

 Antes, los adolescentes soñaban con encontrar el amor de su vida, pero hoy sueñan con tener relaciones sexuales. No los culpo del todo, pues el ambiente está en busca de lo desechable. Esta clase de noviazgo fugaz que exalta algunos valores exteriores, como el placer físico, la imagen y el sexo, es un modelo actual pero frustrante. Sus resultados son: dolor del alma, desilusiones, embarazos no deseados, abortos, heridas, y demasiados corazones rotos.

 Relaciones así, las llevan adelante los adolescentes y jóvenes de acuerdo a sus impulsos y deseos, sin tener en cuenta lo que realmente necesitamos. Si se detuvieran a pensar un poco, aceptarían que su corazón anhela un amor para toda la vida.

 En su libro Yo quiero un amor para toda la vida, Sergio Marquet escribe:

 En la década del setenta surgieron las banderas del hedonismo. Lo que empezó en los sesenta como el deseo de revalorizar el amor y la paz, se convirtió en algo egoísta. El “te quiero dar” fue reemplazado por el “dame”; amor libre se concibió como sexo libre; y la sexualidad, que debe ser una consecuencia del amor verdadero, pasó a ser la figura preponderante en todo. Así que el ideal del amor quedó postergado por el ideal de la sexualidad. Los antiguos valores quedaron sepultados bajo los nuevos “valores”, no porque éstos valgan, sino porque fueron adoptados por la mayoría. El noviazgo, que debe ser el reflejo del amor en una pareja, y que antes era el motivo de los sueños de todo adolescente, hoy está tan devaluado, que la falta de seriedad, la liviandad, las relaciones superficiales, la ausencia de amor y compromiso lo hacen más parecido a ir de compras que a una relación que anticipe un futuro matrimonio.

 Si tú quieres cambiar esta realidad, retoma el modelo de noviazgo original. No “andes con un chavo”; comprométete a amarlo de verdad. Háblale acerca de tu proyecto de vida; ¡hagan uno, juntos!

Sé bien que quienes creemos en un amor verdadero, sincero y puro, somos vistos como tontos y soñadores; la verdad es que quienes así pensamos y vivimos de acuerdo a ello, ¡somos personas felices!

Pero hemos pagado el precio por un amor de verdad. Luchamos por vivir un noviazgo casto, hemos hablado claramente acerca de que el verdadero amor espera, y evitamos las situaciones que nos lleven a un encuentro sexual fuera del matrimonio (así lo pide el Sexto Mandamiento de la Ley de Dios). Piénsalo. Siempre es más fácil el contacto físico que el contacto emocional; ceder el cuerpo es más sencillo que ceder el corazón. 

Lo que vale, cuesta. Para un amor de verdad, debemos decir NO a los amores desechables. Para hacer de él un caballero, has de comportarte como dama.

 Y si se burla de ti o te mira como un ser de otro planeta, despídete amablemente, sacude el polvo de tus pies y vete (Mt. 10, 14). Más vale hacer la Voluntad de Dios que dejarse llevar por las fracasadas propuestas del mundo.